La película del mes: El hombre elefante

La película del mes: El hombre elefante

COLABORACIÓN DEL EQUIPO DE REDACCIÓN

Ambientada en la época victoriana de finales del siglo XIX y basada en hechos reales, la película narra la historia de John Merrick (John Hurt), un joven con discapacidad física debido a tumoraciones craneales y malformaciones, que es usado como atracción principal de circo hasta que encuentra al doctor Frederick Treves (Anthony Hopkins). El doctor intentará establecer un sistema de comunicación con Merrick y presentarlo como un descubrimiento revolucionario ante la comunidad científica, pero, irónicamente, será el doctor Treves quien acabará descubriendo la belleza de la naturaleza humana a través de John Merrick.


¿Por qué debes verla?

El Hombre Elefante es al cine lo que Oliver Twist a la literatura: un retrato desgarrador y crítico de la sociedad londinense de la época. Una época en la que las personas con discapacidad eran utilizadas como atracciones de feria u ocultadas por sus familias ante la “vergüenza” o el “qué dirán”. Una época no muy lejana si tenemos en cuenta la historia de la Humanidad, donde se despreciaba con una ignorancia supina todo aquello que no se podía comprender. Una muestra de cuánto hemos avanzado y evolucionado como sociedad tolerante en solo 100 años de historia. Desde el punto de vista cinéfilo, no se puede obviar la calidad cinematográfica de la cinta, con unos actores de la talla de Anthony Hopkins (El silencio de los Corderos) o Anne Bancroft (El milagro de Anna Sullivan, El graduado…) y magistralmente dirigida por David Lynch (Twin Peaks, Mulholland Drive…).


¿Para quién puede resultar de interés?

Centrándonos en el ámbito educativo, la película es especialmente recomendable para las personas cuyos estudios se centren en la Pedagogía Terapéutica y la Terapia Ocupacional por las siguientes razones:

  • El mutismo del hombre elefante es puramente emocional: posee una capacidad para hablar y expresarse superior a la media, y es descrito por el propio doctor como una persona de modales refinados, pero al principio no es capaz de expresarse por los abusos que ha sufrido.
  • El síndrome de Proteus: la enfermedad que padece John Merrick es real, y se realizan adaptaciones para que sus rutinas diarias resulten más sencillas, por ejemplo, la cama con varias almohadas.
  • La narrativa: es una película dura, pero necesaria. Muestra lo peor y lo mejor del ser humano ante la discapacidad, la comprensión y la humillación, los juicios críticos y los prejuicios en el peor sentido de la palabra.
  • Nos ayuda a comprender mejor la importancia de nuestra labor. Los especialistas en personas con discapacidades son necesarios si queremos llegar a alcanzar una sociedad igualitaria y que respete los derechos humanos.
  • Los últimos 15 minutos de película constituyen, indudablemente, una de las mejores experiencias cinéfilas que cualquier amante del cine pueda permitirse. Pero su importancia no acaba ahí puesto que también ayuda a empatizar con las personas con discapacidad.

En conclusión...

No se puede entrar a analizar la película sin revelar datos fundamentales de la trama, por lo tanto, prefiero destacar ciertos aspectos que me han llamado la atención durante el visionado y que dejan patente la evolución que ha experimentado la atención a la diversidad y a la discapacidad a lo largo de los años, así como del retrato histórico que supone:

  • El término idiota o imbécil utilizado por el doctor en la película no tiene connotaciones peyorativas. Era una forma de referirse a aquellas personas con discapacidad intelectual en el siglo XIX.
  • La diferencia entre clases sociales se hace patente durante toda la película: la pobreza de algunos frente a la abundancia de otros.
  • Explotación infantil: en algunas escenas aparecen niños trabajando. Algunos de ellos presentan condiciones de pobreza (el acompañante del circense o los niños de la estación).
  • No se menciona la época ni el año, pero detalles como la vestimenta, las condiciones sociales o los cuadros de la reina Victoria dejan entrever el período histórico donde acontece la situación planteada en la película.

Para concluir, la película puede resultar lenta en su primera mitad, con la introducción de los personajes y el conflicto que acaba por estallar en la segunda mitad de la película, dejando un final para el recuerdo en el que abundan los preciosos planos y dobles sentidos que Lynch imprime en cada una de sus obras.

El hombre elefante no es una historia de superación, no es tampoco la reflexión de hasta donde puede llegar alguien con la ayuda adecuada. Es la historia de un hombre que recibe, por primera vez, lo que le ha sido negado durante toda su vida: los derechos y la dignidad inherentes a su condición humana. «Muchas gracias doctor, ya estoy curado.».


Autor: Borja Vázquez Suárez

Graduado en Maestro de Educación Primaria, Borja cursa actualmente su segunda mención (Pedagogía Terapéutica) en la Facultad Padre Ossó.