Campeones de su propio mundo

Campeones de su propio mundo

COLABORACIÓN DEL EQUIPO DE REDACCIÓN

Tras realizar el curso de Monitor de Actividades de Tiempo Libre que ofrece el departamento de Formación Permanente de la Facultad Padre Ossó, recibí el año pasado una oferta como monitor de atletismo en Gijón. Acepté con el fin de completar las horas de prácticas que el curso exige para obtener la titulación, pero con el paso de los días mi motivación fue en aumento y el trabajo se convirtió en algo mucho más importante.

Comenzamos en octubre y finalizamos en junio. Al principio, no os voy a mentir, tenía miedo; de golpe me dejaron (aunque tenía un compañero) con treinta niños y niñas que me miraban deseando recibir mis órdenes, y los nervios solo aumentaron. No me atrevía a realizar nada fuera de la rutina, ni a tener ideas propias, me limitaba a observar. El segundo o el tercer día observé cómo a algunos de los alumnos les costaba correr con facilidad, no eran capaces de hacer correctamente actividades tan sencillas como correr o saltar. Empecé a pensar en cómo y de qué manera podría ayudarles a mejorar la coordinación, la carrera y los saltos, y me atreví a sacar esas ideas que me iban surgiendo y a experimentar en nuestras clases.

Cada día se presentaba un nuevo día de aprendizaje para nosotros. Yo anotaba lo que podíamos mejorar en una carpeta con folios que me acompañaba a cada sesión y a cada competición para poder proponer nuevas actividades. Hacia mitad del curso me quedé solo al frente de la clase y fue difícil llevar a cabo todos los ejercicios que preparaba para ellos: eran treinta contra uno.

Había días buenos y otros no tan buenos, pero mi empeño en hacerles mejorar en cosas simples me hizo seguir con mi plan. Los niños pueden ser tan encantadores como difíciles de llevar; hacerlos callar, hacerlos escuchar y guiarlos para que sigan tus pautas no siempre es fácil, pero nada pudo quitarme las ganas de verlos mejorar. Poco a poco, aprendieron a corregir sus errores y los pequeños premios cuando las cosas no salían, me sirvieron de apoyo para darles paciencia y ánimo.

Dedicamos mucho tiempo al juego, en el que también camuflaba ejercicios. Desde mi punto de vista, el atletismo dirigido a niños consiste en disfrutar y progresar en la psicomotricidad, no en hacerlos campeones del mundo, ellos ya son campeones de su propio mundo.

Trabajar valores como la superación, el compañerismo y el respeto mutuo fue en todo momento mi prioridad. Mi premio fue ver cómo a final de curso eran capaces de saltar, correr, lanzar, e incluso, gestionar una carrera larga y ser independientes en las competiciones. Las clasificaciones en campeonatos de Asturias y alguna victoria en competiciones son anecdóticas, ese no es ni será el objetivo, son niños.

Fue un año duro por compaginar las clases, este trabajo, mis entrenamientos y las competiciones (suyas y mías), pero sin duda volvería a repetirlo. Puede que haya encontrado mi camino y animo al alumnado de la Facultad Padre Ossó a aprovechar este curso y las oportunidades que puedan surgir. Que no te frene el miedo a enfrentarte a algo nuevo, pon todo de tu parte.


Autor: Javier Sánchez Ramírez

Javier estudia 3º del Grado en Maestro en Educación Infantil de la Facultad Padre Ossó, en el que ha elegido la intensificación de Psicomotricidad, y se dedica profesionalmente al atletismo.