Entrevista a Yasmina Álvarez


La poesía tatuada en la piel y en el alma

Estrenamos un nuevo proyecto en la Facultad Padre Ossó. Hemos creado un nuevo apartado de entrevistas de carácter general, centradas tanto en temáticas relevantes para el alumnado, como para los profesores, como para el interés del público externo a la comunidad universitaria.

Y hemos decidido estrenar esta sección con Yasmina Álvarez Menéndez: actriz, profesora de Didáctica de la Lengua y la Literatura, y escritora (entre otras muchas otras facetas). Es la autora de “Los versos que nunca os dije”, un libro de poesía que ha publicado recientemente, siendo este su primer trabajo.

Yasmina lleva relacionada con el mundo de las letras y la cultura desde que tiene uso de razón, decidió estudiar filología hispánica en la Universidad de Oviedo y posteriormente se vio relacionada con la radio, la televisión, el doblaje y el teatro. Y su última faceta pública -”pública” porque siempre ha tenido guardados en sus cajones estos versos que nos ha regalado ahora- es la de poetisa.


Empecemos por el principio, ¿Quién es Yasmina?

Yasmina Álvarez es una mujer de Tineo, que lleva varios años ya viviendo en Oviedo. Ahora mismo se puede decir que soy profesora del Grado de Magisterio de Primaria, en la Facultad Padre Ossó, donde entre otras muchas cosas me dedico a impartir la asignatura de Didáctica de la Lengua y la Literatura .

Pero no siempre fui profesora. Antes de dedicarme a esto hice otras muchas cosas. Mi formación, es cierto, comenzó con mis estudios universitarios en la Facultad de Oviedo de Filología Hispánica. Más tarde realicé un máster de español para extranjeros y, al terminar esta etapa más académica, tuve la oportunidad de realizar un curso de radio, que se ofertaba en Oviedo, y me salió trabajo de ello.

Así que durante un tiempo, estuve trabajando en el sector audiovisual, puesto que comencé en la radio, pero más tarde estuve con una productora de televisión, donde también aprendí mucho. Ahora mismo puedo decir que no estoy desvinculada totalmente de este mundo. Sigo formándome. Estoy aprendiendo locución y haciendo alguna cosilla de publicidad. Es algo que me gusta y me interesa mucho.


 

Y, ¿Cómo con tantas vueltas terminas en la Facultad de Oviedo Padre Ossó?

Bueno, ¡pues por las cosas de la vida! Un tiempo más tarde de estar en la productora, quise aprovechar la formación académica que tenía, porque llegó un momento de decidir, y para mí no era solo un título universitario. Lo que estudié me gustaba y consideraba que, además, había invertido un tiempo muy importante en formarme y surgió la posibilidad de entrar como profesora en la Universidad de Oviedo. Concretamente en la Facultad Padre Ossó como profesora del Grado de Maestro, y claro… ¡Accedí!


Pero, ¿Cuál es el salto de la docencia a la escritura?

La poesía llevaba mucho tiempo conmigo. Otra de las facetas que me definen es que soy actriz. Hago teatro desde los 14 años, y la poesía es algo que llevaba conmigo desde hace mucho tiempo. La diferencia es que ahora, se puede decir que la he materializado.


Hablando de poesía, ¿Podemos decir que tu obra está marcada por alguna corriente o alguna influencia en concreto?

Versos de Ángel González tatuados en el brazo de YasminaEvidentemente las lecturas están ahí. Lo que uno lee se refleja en lo que escribe, por lo menos hasta que uno encuentra su propia voz poética. Yo, ahora mismo, me encuentro muy muy al principio de mi camino, con lo cual las influencias son muy evidentes.

A mí, particularmente, me gusta una poesía sencilla, una poesía que hable de lo cotidiano y, como digo muchas veces, “de sujeto, verbo y predicado”. Es decir, que se entienda, que no sea críptica, que no sea oscura. Por lo que, consecuentemente, las lecturas que hago, van buscando estos matices. Cuando escribo algo quiero reflejar aquello que, como lectora, me gusta encontrar.

Respecto a las corrientes… evidentemente tengo muchos modelos a seguir que coincide que son asturianos. Por un lado tengo a Ángel González, que es un referente por excelencia. Pero no es el único. Alguien a quien admiro mucho, que hizo el prólogo de mi libro, que es Aurelio González Ovies, es otra de mis influencias poéticas más importantes. En este último caso, él fue profesor mío de latín en la Facultad de Oviedo, y es alguien a quien he leído mucho.

Personalmente, creo que esto es como la música: lees mucho a un poeta, o a unos poetas, y como cuando se te pega una canción, que luego estás con ese soniquete, pues es lo mismo. Al final lees mucho a alguien y, cuando escribes, parece que se reproduce sin querer.


En cuanto lees el poemario descubres que el pasado es un fuerte protagonista de tus versos, ¿Escribir te alivia esta nostalgia?

Sí que de alguna manera lo hace. Para mí escribir es y será una manera de recordar, para cuando me falle la memoria, de dónde vengo, y de quiénes vengo.

Hay cosas a las que no se le da importancia porque, sencillamente, están ahí, porque “son lo normal” y que, incluso, muchas veces pueden llegar a suponer un aburrimiento. Hasta que te das cuenta de que ya no las tienes contigo. Son ejemplos que pongo que mi libro, como el pan de centeno. Que ojalá lo tuviera ahora. Ojalá le hubiera dado en su momento el valor que le doy ahora a ese tipo de cosas.

Y, por supuesto al referirme a los que no están. A los que me faltan. Para mí es una manera de tenerles ahí, de dejar constancia de ellos.



¿Qué pretendías conseguir con estos versos?

En verdad, creo que lo que pretendía era despojarme de toda esta nostalgia que hemos comentado anteriormente y, por otro lado, darme a conocer de alguna manera. Crear este libro es una forma de rebelarme con “b” y revelarme con “v”.

Esto también es porque me considero una persona muy tímida, muy insegura… y pienso que el poemario es una obra muy personal. El “yo” que sale en la obra es “mi yo desnudo”, porque no hay ningún personaje en los que se basen los poemas.

Por otro lado, creo que al cumplir los 40 años quería decirle al mundo “estoy aquí, esto ya está aquí, y con mis versos quedará constancia de lo que fui, de lo que soy, y de lo que, en principio, parece que voy a ser”. Evidentemente, también tuve la suerte que muchas personas no tienen, de tener la oportunidad y el apoyo de una editorial, que quisiera continuar con mi proyecto hacia delante. Porque los poemas ya existían, estaban en un cajón. Por eso se llama “Los versos que nunca os dije”.


¿Crees que escribir poesía es escribir sentimientos? ¿O que es posible hacerla sin estar totalmente involucrado en lo que se cuenta?

Yo creo que es totalmente posible. De hecho, creo que casi todo es posible en la Literatura. Siempre se puede jugar, aunque ¡hombre! La poesía, es verdad que, es el subgénero más subjetivo y el que siempre se asocia más a las vivencias del autor.

A mí, personalmente, me cuesta mucho despegarme. Al fin y al cabo, aunque escriba sobre algo que no me haya pasado o sucedido a mí, sí es algo que yo he podido observar o que habré tenido que vivir de alguna manera. Y, por tanto, lo que escriba no dejará de ser un reflejo personal, en el que haya dejado mis huellas de alguna manera. Es una historia que antes de estar plasmada en el papel ha pasado por mi tamiz y mi manera de ver el mundo.


¿Qué te gustaría transmitir a tus lectores con tu libro?

La verdad es que cada vez siento que el libro sea menos mío, lo noto cada vez más distante. Ya es de quien lo lee.

Al principio de publicarlo, sentía que era como un desnudo para mí, donde contaba situaciones y experiencias muy personales y muy mías. Pero cada vez que lo leo ahora, lo siento más distante, porque empiezo a recibir respuestas de personas que ya lo han leído y se sienten identificadas con algunos versos. Versos que yo escribí describiendo algo que me había pasado, situaciones muy íntimas y muy personales, poemas que hablan de mí… Y entonces te preguntas ¿cómo es posible que se vean reflejados en esto, cómo se pueden emocionar?

Pero entonces me siento satisfecha y contenta. Por haber conseguido que alguien, con mis versos, con mis poemas, haya podido conseguir emocionarse, e incluso llorar.


La muerte tiene un peso muy fuerte en tu obra, ¿Cómo es plasmar un sentimiento tan agrio en papel?

Esto conecta de alguna manera con lo que hablábamos antes del alivio. Este libro está estructurado como una obra teatral, porque le quise hacer ese guiño al teatro, y he querido incluir un entreacto que hablara sobre la muerte.

Es un tema que me obsesiona un poco. Además, hubo una etapa en mi vida en la que se fue gran parte de mi familia, muchos de los míos, y de una manera muy seguida.

Me impresiona mucho, de alguna manera, el hecho de que de un minuto a otro todo se haya acabado. Esa sensación de pensar que alguien deja de respirar y ya. Ya se acabó. Hoy estás, y mañana no estás, o a los 10 segundos no estás… intento plasmar eso desde lo cotidiano. Y a la gente le impacta mucho.

A mí el escribirlo, de forma personal, me alivia. La muerte forma parte de la vida. Pero me ayuda.


¿Qué ha supuesto para ti Ángel González, como referente asturiano de la poesía?

No puedo decir que él suponga todo, pero es el referente por excelencia. Yo recuerdo cuando lo descubrí, cuando leí un poema suyo por primera vez. Recuerdo el impacto que supuso. Más adelante tuve la oportunidad de conocerle, de entrevistarle, de recitar para él, de compartir con él algún momento...

Yo continuamente vuelvo a Ángel González. Al punto de tener uno de sus poemas tatuado en el brazo. Fue mi primer tatuaje.

"Con mis versos quedará constancia de lo que fui, de lo que soy, y de lo que, en principio, parece que voy a ser…"


Háblanos del paso del tiempo, otro de los grandes protagonistas de tu obra

Soy una persona muy sensible con este tema. Además, acostumbro a mirar hacia atrás, y quizás debería mirar más hacia delante. Es posible que sea consecuencia de ir cumpliendo años, que “te das la vuelta” y piensas “¡Caray! ¡Que rápido pasa todo y cómo pasa!”.

Nunca pierdo las referencias temporales, soy la reina de la efeméride “hace 15 años, hace tantos años ocurría esto…” y pienso en todo lo que ha pasado desde entonces. Es que el paso del tiempo lo vemos en los detalles más pequeños, en cómo pasa por un árbol, y lo observas todos los días, por ejemplo. O lo ves en la gente de tu alrededor, cómo cambia, cómo envejece… me llama mucho la atención ver cómo se va evolucionando.

Otro de los aspectos de este punto que más me afecta es el sencillo hecho de que yo me dedico a la docencia. Las personas que tienes en tu aula son siempre iguales, siempre tienen la misma edad. Pero yo no tengo los mismos años de un curso para otro, evidentemente. Esa distancia generacional empieza ya a manifestarse: ver las distancias, las perspectivas, la manera de ver el mundo, ver cómo yo me estanco en algunas cosas… El tiempo está ahí continuamente, me interesa, y se refleja.


¿Crees que el cambio generacional contribuye al desuso de la poesía?

Es muy complicado. Yo creo que ahora mismo los chavales leen poesía. Otra cosa es que a ojos críticos, lo que tienen entre las manos se considere o no poesía.

Gracias a las redes sociales, se están publicando muchas cositas de este género, y si tienen éxito, terminas por verlas a la venta en las librerías. A día de hoy ya existen córneres enteros dedicados a poetas muy jóvenes que salen de Twitter, u otros medios. Y es lo que más impacta entre los más jóvenes, que son quienes los compran.

Otra de las cosas que está en auge es el llamado Poetry Slam, los micros abiertos, la improvisación de versos sobre una tarima, se organizan recitales en todas partes, en bares, en cafés… entonces, no sé si con todo esto podemos decir que la poesía está en desuso.

Otra cosa es preguntarnos si podemos aprovechar este hilo para que los chicos lleguen a los referentes que realmente están asentados en el canon.

Yo como profesora intento hacerles ver que la poesía es algo cercano. Y solo me interesa que los chavales lean. ¿Qué les llega por otro lado? Bueno, los canales son otros, pero no son ni mejores ni peores, son los que son.


Siendo profesora de futuros profesores tienes un peso muy importante a la hora de formar y educar a las futuras generaciones… ¿Cómo crees que se puede conseguir que se les devuelva la importancia a poetas que son más clásicos?

A mí me gustaría saberlo también. Creo que es muy muy complicado. Creo que está todo escrito, en los clásicos está todo. Lo que hay es que encontrar la manera de transmitirlo. Y en docencia hay gente maravillosa que lo consigue, trabajando mucho y muy bien, que sabe conectar.

Hay que destacar que hay muchas formas, muchas maneras: a través de las redes, a través de la música, de la imagen… los video-poemas que se hacen en algunas clases son espectaculares y, sin saberlo, los alumnos conectan con temas de los clásicos, como el carpe diem. Ahora el lenguaje literario les gusta que sea algo más rápido, no tan reposado.


Para finalizar, ¿Con qué poema de los tuyos te quedas?

Me quedo con la carta de presentación. Porque es de donde soy y donde vengo. No porque esté más logrado estructuralmente. Es lo que me define.