Entrevista a Madeline Monterrosa, misionera franciscana en Mali

Durante tres meses recibió formación en la Facultad Padre Ossó a través del proyecto “Tendiendo puentes, construyendo capacidades”


UN MAR DE GRANDES GOTAS DE AGUA

A través del proyecto “Tendiendo Puentes, Construyendo Capacidades” la Facultad Padre Ossó pone en valor las iniciativas de transferencia de conocimientos entre el Sur y el Norte, el Norte y el Sur, que enriquecen a ambas comunidades en pos de un desarrollo real, inclusivo y responsable.

En el marco de esta iniciativa se incluye el servicio de asesoría especializada y acompañamiento a la implantación de un servicio de Terapia Ocupacional en el proyecto sociosanitario ejecutado por Medicus Mundi en Mali. Para ello, durante tres meses, la Facultad Padre Ossó ofreció formación a Madeline Monterrosa, que hoy nos habla de la vida en Mali y de su estancia en Asturias.


¿Quién es Madeline Monterrosa?

Madeline Monterrosa es una religiosa consagrada franciscana y misionera que está ahora mismo como enfermera en Mali. También soy licenciada en Educación Básica Primaria, pero dejé esa formación para dedicarme a la enfermería.

La Misión me pide en este momento estar en Mali al frente de un centro de salud que actúa como dispensario y centro nutricional al mismo tiempo. Una labor que desempeño junto a tres hermanas más. Vivimos a 360 km de Bamako, la capital, y hay otro grupo de dos hermanas a 80 km de ella, en Koulikoro.


¿Cuál fue el objetivo de su visita a la Facultad Padre Ossó?

Las hermanas franciscanas llevamos casi catorce años trabajando con Medicus Mundi Norte - Asturias en diferentes proyectos relacionados con la promoción y alfabetización de la mujer, la salud preventiva y curativa desde el centro nutricional, etc. En ese espacio de trabajo y de intercambio de saberes con Medicus Mundi nace una incógnita: ¿qué pasa con la discapacidad en Kalana?.

Después de todo el tiempo que llevamos trabajando, casi nunca recibimos casos de discapacidad. Existían al inicio y después desaparecían. Frente a esa incógnita nace la posibilidad de venir aquí, a través de la Facultad Padre Ossó y Medicus Mundi, para recibir una formación sobre lo que es la discapacidad, las posibilidades que tendríamos nosotras de trabajar con ella desde allí y cómo a través del departamento de Terapia Ocupacional de la facultad nos podrían apoyar con esta inquietud.


¿Cuáles son los problemas médicos más importantes a los que se enfrenta allí en Mali?

Lo que las hermanas señalaron como prioritario a su llegada fue el alto índice de malnutrición, así que el dispensario nace como centro nutricional. Pero comenzaron a llegar las enfermedades y se detectó la falta de atención de la población, por lo que se vieron obligadas a trabajar no solamente con malnutrición sino también con enfermedades como las mordeduras de serpiente, las enfermedades de piel, las diarreas, la malaria y la atención a las madres embarazadas, que tienen muchas dificultades también. Hay épocas del año en las que se incrementan las quemaduras porque bajan las temperaturas y los niños se acercan demasiado a los lugares donde las mujeres cocinan, en el suelo, y sufren quemaduras.


¿Cómo es el método de trabajo en Mali?

Al ser un centro de atención, tenemos un patrón de entrada según llegan los pacientes para conocer la situación inicial. Si se trata de un niño malnutrido, por ejemplo, le pesamos y hacemos un control para saber cuál es el grado de malnutrición, el apoyo que necesita y le inscribimos en un programa para controlar el peso y determinar si está fuera de peligro.

En consultas por enfermedades siempre se hace el patrón de entrada que tiene que ver con el primer ingreso de la persona de acuerdo a la enfermedad que tenga y se toman todos los signos vitales de prioridad en enfermería: peso, talla, medida, la situación de consulta. Posteriormente se hacen controles continuos con el paciente.

En cuanto a la afluencia, los lunes son días especiales en Kalana porque es día de mercado, en el que se desplaza la mayor parte de la población. Esos días recibimos entre 46 y 52 pacientes, en su mayoría niños. Un día normal, dieciséis.


¿Cuentan con herramientas suficientes para tratar los casos que les llegan?

No contamos con herramientas suficientes para tratar los casos que nos llegan, pero sí tenemos muchas más posibilidades que el resto de los centros del lugar gracias al apoyo recibido por Medicus Mundi desde hace catorce años. Hemos ido mejorando las condiciones, pero nos faltan muchas cosas como el poder tener protocolos que nos ayuden a identificar rápidamente el tipo de discapacidad con la que trabajamos.


¿Qué parte de la formación recibida cree que podrá ser más útil en el trabajo que desarrolla en Mali?

La formación que recibí fue muy amplia. En la Facultad Padre Ossó cursé Psicomotricidad, con Paloma Nistal como profesora, para descubrir todas las habilidades a través del juego y poder llevarlo a la práctica con los usuarios del centro.

En la asignatura “Autonomía e Independencia Funcional en Pediatría”, impartida por Sergio Rodríguez, aprendí a detectar las diferentes discapacidades que se pueden presentar en niños y saber si hay una afectación neuronal, por ejemplo. En “Autonomía e Independencia Funcional en el Adulto” de Estíbaliz Jiménez aprendimos a adaptar materiales para que personas con discapacidad puedan realizar cualquier actividad.

Con la profesora Isabel Fernández en “Técnicas Ortoprotésicas” descubrí la elaboración de las férulas y materiales de apoyo ante una discapacidad determinada.

También recibí clases de “Nuevas Tecnologías en la Terapia Ocupacional” con Manuel Quintela, que me ayudó a implementar nuevos métodos de hacer publicaciones, páginas web, espacios donde se pueda dar a conocer el centro. Esto nos ayudará a llevar a cabo el trabajo con la Facultad Padre Ossó telemáticamente en cuanto a las consultas de discapacidad y enfermedades que puedan presentársenos.

La doctora Luisa Ruiz preparó un fichero Excel en el que nosotras podremos realizar una sistematización, de la que no disponíamos en el centro ya que todo lo hacíamos a mano, para saber si recibimos al paciente por primera vez, conocer por qué vienen y tener un control al finalizar el mes de todas las personas que se atendieron y cuáles fueron las enfermedades principales. También recibí su apoyo en la parte de Anatomía, que hasta el momento manejaba mínimamente.

Estuve apoyada por el departamento de Pastoral en todo momento y participé en la Parroquia de Nuestra Señora de Covadonga con Pochi, donde pude compartir oraciones todos los domingos que tuve ocasión.

La facultad ha sido otra casa, y los chicos y chicas del Grado en Terapia Ocupacional han sido un gran apoyo.


¿Cuál es el mayor hándicap al que se tiene que enfrentar en su día a día?

Es cierto que hay muchas limitaciones, pero ninguna imposible de superar, y menos ahora con esta puerta que hemos abierto gracias a la Facultad Padre Ossó y a Medicus Mundi.

La primera dificultad es el clima: la temperatura puede alcanzar los 52ºC de máxima y el mes de mayo es el más cálido. La comunicación y los desplazamientos también resultan complicados, aunque Internet nos ayuda a solventarlo.

A nivel cultural, no soporto que siga practicándose la ablación del clítoris, una tradición profundamente arraigada en su cultura. Trabajamos día a día con Medicus Mundi para reducir la tasa de analfabetismo de la mujer, que actualmente es de un 57% frente al 18% masculino. Otro tema muy doloroso es que los niños con discapacidad son ignorados desde su nacimiento hasta que mueren. Parece como si la vida no tuviese el verdadero valor para ellos y para las mujeres.


¿Qué es lo que más le ha sorprendido de su visita a España?

En el año 2015 estuve por primera vez en España, en Gijón, durante un mes. Lo que más me sorprendió fue la cantidad de agua que había en todas partes. En Mali para que una mujer consiga 20 litros de agua debe caminar 2 km y cargar un tanque de agua en la cabeza y un niño en la espalda.

Allí siempre hace falta agua. Te contaré una anécdota: cuando tuvo lugar la situación de ébola que todos conocemos, para atender a un paciente correctamente se necesitaban 20 litros de agua para lavarlo nada más llegar. El único centro que podía hacerlo era el nuestro porque contamos con un tanque elevado de agua y disponemos de ella todo el tiempo. Si el paciente se quedaba todo el día, necesitábamos utilizar 70 litros. Aquí, llegas y hay agua, y puedes usarla, pero eso a mí me extrañó mucho porque allí es una necesidad vital.

La organización de los centros también me sorprendió mucho. Durante mi estancia tuve la ocasión de conocer ASPACE. Poder ver el avance y el progreso me pareció genial: ver cómo un niño con el que se trabaja desde los dos añitos puede llevar en el futuro una vida normal dentro de las habilidades que puede desarrollar.

De la experiencia que viví en el Centro Médico de Asturias me sorprendió la organización que tienen, los protocolos para atender cada situación. Por ejemplo, si reciben a un paciente con una úlcera por decúbito, saben lo que deben hacer y el tiempo que puede llevar tratarla. En Mali trabajábamos sin tener en cuenta esto y ahora con esta visión el método será mucho más práctico.


Sabemos que varias alumnas del Grado en Terapia Ocupacional y del Grado en Educación Primaria de la Facultad Padre Ossó están interesadas en desarrollar sus TFG en colaboración con su proyecto, ¿cómo afronta el futuro al ver el interés que su trabajo despierta en las nuevas generaciones?

Conocí a estas jóvenes gracias a las clases que compartimos y desde el primer momento noté el interés que despertaba en ellas el proyecto de Mali. Tuvimos un primer encuentro donde comentamos la cantidad de posibilidades que se abren para las familias. Conozco siete casos de personas que he intentado ayudar y que ahora, sabiendo que hay terapeutas profesionales que nos pueden dar los elementos adecuados para cada uno de esos casos, será mucho más sencillo. Un caminito, que será una gran vía para muchos.


“No hay que hacer cosas grandes. Cosas pequeñas en lugares pequeños y con personas pequeñas. Eso hace algo grande. El mar está lleno de pequeñas gotas de agua.”