Entrevista a Carlos Jiménez


La historia del cine al alcance de tus manos

La Facultad Padre Ossó pone en marcha este sábado la exposición “Orígenes del cine”, una de las iniciativas del proyecto solidario Educarte: cine y educación. En este pequeño museo itinerante, ubicado en el centro comercial Los Prados hasta el 23 de junio, podremos encontrar los objetos cinematográficos de la colección personal de Carlos Jiménez, director del Museo del Cine de Madrid, comisario de la exposición, y miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas.

Hoy estamos con él para preguntarle sobre su trayectoria, sus experiencias y, por supuesto, su colección: una de las mayores de Europa.


¿Quién es Carlos Jiménez?

Podría comparar mi experiencia, mi vida, como aquel niño de la película Cinema Paradiso. Empecé muy temprano en el mundo del Séptimo Arte, a los 8 años ya estaba dando cine. Mi padre era una persona muy pobre, quizá uno de los más pobres de su pueblo, pero tenía una ilusión: hacer un cine. No tenía para pagar empleados, y como yo era su único hijo, me puso al cargo de una tarea que suponía una grandísima responsabilidad en aquella época: proyectar la película.

Con la edad y la altura que tenía, mi único remedio para alcanzar el proyector, era subirme a un cajón de refrescos. Y es que los proyectores antiguos medían 2 o 2 metros y medio de altura. También tenía que llevar el arco voltaico, que antes tampoco eran automáticos.

A mí todo ese mundo me gustaba mucho, lo que pasa es que llegaba un momento en el que me aburría, porque un domingo había dos sesiones de cine con la misma película, y la primera me gustaba verla, y que no me quedaba más remedio que verla. Pero a la segunda casi no le prestaba atención. Así que me ponía a rebuscar por la sala, y siempre encontraba trastos viejos.

Me entretenía con todos esos objetos antiguos, jugaba con ellos, me los llevaba a casa, los limpiaba… Para cuando me quise dar cuenta, mi colección era una de las mayores de Europa, entre la que se encuentran actualmente 500 proyectores antiguos. Además, tengo dos museos, una exposición itinerante y estoy intentando crear otro museo porque sigo recopilando nuevo material y necesita más espacio.

Hablando solo de España puedo decir que he rescatado más de 200 cines. Y ya que estamos en Asturias, apuntar que en mi colección tengo máquinas de cines de Oviedo, de cines de Gijón, del teatro del Circuito Arango, de Mieres, de Colloto....

Tengo mucho recorrido en la industria del cine, muchas anécdotas, muchas experiencias, y aproveché todo este conocimiento para escribir un libro, que ahora mismo puedo decir que tengo 3 publicados. En “Sentados en la butaca de un cine”, que es la historia de cómo un señor que es el más pobre del pueblo acaba teniendo 22 salas de cine, aprovecho para describir cómo era el cine en la época de los años 60, cómo eran las relaciones con el mundo de la política, con el Ministerio de Información y Turismo que había entonces, con la Dirección General de Seguridad, con la Iglesia, con el mismo público, de cómo se comportaba la gente en una sala de cine...

Una serie de anécdotas y vivencias que no quiero que se pierdan y que han quedado reflejadas en un libro muy ameno, que queriendo ser meticuloso en este aspecto, y evitar que se dude de la veracidad de las historias, el libro está firmado por 70 empleados, que certifican que todas las barbaridades que he escrito son verdad.


“Si me preguntaras cuál es el proyector que más me gusta, la respuesta sería muy sencilla: el que no tengo.”


¿Cuál es el momento en el que pasa de recoger objetos que se encuentra en la sala de proyección a comprarlos y coleccionarlos a este nivel?

Considero que fue una concatenación de acontecimientos. Yo empecé como operador jugando, me entretenía. Era todo novedoso, desconocido, que es lo que más llama la atención a un niño. Cuando me hice mayor pues seguí un poco en la línea clásica… yendo al rastro a ver si encontraba alguna pieza, a desembalajes… y luego ya empecé a recorrer toda España buscando cines que se hubieran cerrado. El último paso que llevé a cabo en esta aventura fue el participar en subastas internacionales, porque en España no hay subastas especializadas como tal.

Me considero coleccionista por nostálgico. Cuando veo una máquina antigua me pregunto todo acerca de ella: en qué cines habrá estado, qué películas habrá proyectado… Me gusta la máquina por todo lo que la rodea, no por el objeto en sí.

Cuando va la gente al museo se sorprende de ver tanta maquinaria y casi siempre me hacen la misma pregunta: “¿cuánto te ha costado?” Y es cierto que estas cosas cuestan un dinero, pero yo les respondo que me pregunten “cuánto me ha costado de trabajo y no de dinero”. Porque este es un oficio que conlleva mucho sacrificio. Para conseguir un simple proyector me he tenido que recorrer media España, comprobar que me gustaba, que luego me lo quisieran vender, aceptar y tener el dinero que cuesta… y luego buscar camiones, mano de obra, desarmar el aparato, llegar y restaurarlo… el trabajo es impresionante. Pero para mí es una pasión.

Tiempo más adelante me empecé a preguntar por los orígenes del cine, por sus comienzos. Y comencé a interesarme por la pre-cinematografía, y esta no está en los cines. Así que a partir de ahí comencé a asistir a subastas de arte para conseguir este otro tipo de materiales.


Entre los objetos de su colección hay proyectores Lumière, ¿Qué significa tener objetos de tanto valor histórico en su colección?

Significa mucho más para público que para mí. El gran atractivo de la exposición itinerante son los proyectores Lumière, los primeros proyectores del mundo. Pero cuando uno lleva con ellos 30 años, y está cansado de estar con proyectores todo el día, no le da el valor real que tienen.

Si me preguntaras cuál es el proyector que más me gusta, la respuesta sería muy sencilla: el que no tengo. Los que tengo, ya los tengo vistos e investigados. En lo que respecta a este último punto de la investigación, he de decir que mi forma de trabajar con estos objetos es de forma contraria a la de cualquier estudio: yo no estudio primero la teoría y después practico. Si yo veo algo que a mí me gusta o me interesa, primero lo compro, me lo llevo y lo desarmo e investigo en mi casa. Y ya luego, escribo sobre lo que lo que me he encontrado.

Esto no quiere decir que el valor que tienen los proyectores Lumière no sea impresionante. Pero tenemos que tener en cuenta que el cine nace en la Belle Époque, en la época de la Revolución Industrial, la época de los inventores individuales, en una guerra por las patentes, donde por falta de previsión o de dinero tenían que ceder el puesto a personas posteriores en ese invento, como el cinematógrafo. Unos se copiaban a otros, y es muy complicado determinar la autoría de muchos inventos cinematográficos.


¿Cómo se pasa de jugar con objetos de niño a tener dos museos?

Sin querer. Yo jamás me he planteado ser coleccionista, ni tampoco me planteaba tener un museo, algo a que a día de hoy me sigue impactando tener. Son cosas que han venido por sí mismas.

He tenido muchos factores a mi favor gracias a los cuales he podido montar la colección. En primer lugar, mi propio tesón, mi propia nostalgia. En segundo lugar están mis negocios, que me han permitido el tiempo que yo dedico a este mundo, que es la mayoría. Y en tercer lugar, y el más importante de todos, mi mujer me apoya. Siempre que hay una máquina que me interesa o hay una subasta, es la primera que dice “vamos”.

Creo que mi evolución es la progresión normal de un coleccionista. Aunque no todos acaben teniendo museos, claro. Pero como digo, fueron un cúmulo de factores a mi favor, como el poder disponer de locales para ir guardando todos los materiales, vehículos para transportarlos, etc.


¿Cuántos objetos forman la colección?

Esta pregunta es un poco ambigua. Si me pongo a pensar tengo unos 500 proyectores, pero si contamos por piezas, tengo muchísimas más. Si yo compro una cabina de cine, me gusta recrearla tal cual estaba en la época, no me conformo solo con el proyector: me llevo la lamparilla de la cabina, me llevo el tocadiscos… me llevo todo. Y todo son piezas de la época. Y en pre-cine sucede lo mismo… puedo contar como una pieza a la linterna mágica o a cada placa que la compone.


Usted se tiene que formar continuamente para tener conocimiento sobre cada uno de sus objetos

Todo el tiempo estoy estudiando. ¿Qué sentido tiene que me compre una pieza y no sepa lo que es?, ¿cómo disfruto de ella? Mi manera de vivir, de disfrutar de este mundo es sabiendo qué es lo que hace cada una de las piezas que tengo, qué función tenían, saber qué las rodeaba, en qué entorno estaban


¿Qué es aquello que más le ha costado conseguir?

Es una pregunta muy difícil porque me ha costado todo. Lo que pasa es que las piezas que más cuesta conseguir, luego las puedes obtener en tan solo un segundo, como algún proyector Lumière en una subasta.

Pero tengo ejemplos en los que estuve persiguiendo cabinas de cine mucho tiempo, como el cine Olimpia de Linares, que estuve 3 años llamando a diario al dueño, hasta que cedió. En otro caso, por un proyector Lumière que quería tuve que esperar a que se muriera el dueño para poder conseguirlo, y este último ejemplo fueron 25 años de espera.

Es todo cuestión de suerte. Los tiempos han cambiado mucho, y ahora me puedo meter en Internet y encontrar alguna pieza que llevaba tiempo buscando, o alguna que quería hace tiempo y desistí… y la puedes comprar en cuestión de segundos.


¿Qué objeto es el que más le gusta al público?

Tengo una pieza en el museo que se la compré hace mucho tiempo a unos chicos, de los que iban hace 60 o 70 años por los pueblos, proyectando películas y cobrando a la voluntad de la gente. Pues conseguí de ellos un “bici-proyector”, que es una bicicleta a la que acoplaron un proyector de cine. Ellos daban a los pedales y con la luz de dinamo generaban la corriente eléctrica, otro daba la manivela, y de esa forma ellos iban dando por los pueblos su proyección de cine.


¿A qué objeto de su colección le tiene más cariño?

A una máquina que no tiene ningún valor para el público: la máquina con la que yo di mi primera sesión de cine. Es una máquina normal y corriente, que a día de hoy no tiene un gran valor económico o histórico, pero a nivel personal es la más valiosa.